El dadá o dadaísmo fue un movimiento antiarte que se caracterizó por gestos y manifestaciones provocadoras en las que los artistas pretendían destruir todas las convenciones con respecto al arte, creando una especie de anti-arte o rebelión contra el orden establecido. Podríamos empezar a amontonar párrafos y más párrafos describiendo el dadaísmo a través de adjetivos y descripciones cognoscitivas, algo que me niego a hacer. Las descripciones cognoscitivas, a través del desglose y la síntesis de nuestros conocimientos básicos, nos llevarían únicamente a definiciones enciclopédicas (sí, de esas en las que los eruditos plasman datos empíricos y describen un movimiento social o artístico con cifras, fechas, datos y estadísticas). Cada vez estoy más convencido de que el ensayo científico, en ocasiones, deshumaniza el aura artística del saber.

Perdón si le he dado excesivas vueltas a un tema tan empalagoso, pero es que hoy he estado buceando un poco en la wikipedia (recomiendo este tipo de inmersiones porque nunca sabes qué definiciones y debates te deparan) y me he encontrado con la definición de dadaísmo. No he parado de darle vueltas, me parece espectacular el trabajo de Tzara (su fundador), y que conste que no hablo de espectáculo como haría Guy Debord, sino que me resulta uno de los manifiestos-ensayos más impresionantes que han existido en la diferentes vanguardias artísticas.
Tristan Tzara atacó al arte, pero su ataque fue igualmente artístico que su “enemigo”. A veces en la vida te encuentras con conceptos tan maravillosos como el “arte del anti-arte”, ¿una contradición? Antes de valorar es mejor reflexionar sobre este término. Tzara lo llamó dadaísmo, yo a veces lo relaciono desde lejos con el anarquismo.
¡Vive l’art!